Caminaba con la vista perdida dentro del desenfoque del plano general que tenía por frente. Boquiabierto y quizás algo enbobado, disfrutando del paseo. Sabía que tenía que ir a algún lado, pero no tenía prisa en recordar a dónde.
Hay veces que no somos nosotros los que caminamos. Ni siquiera estamos caminando, pese a que movamos las piernas al ritmo y avancemos. Supongo que la falta de vocabulario, o quizás el poco acierto de encerrar en palabras el significado de sensaciones nos obliga a ponerle el nombre de "caminar" al gesto de dejar de estar sentado, como si solo fuese dejar de estar sentado, o de pie, o simplemente parado.
Cuando caminamos, hacemos muchas cosas a la vez, y quizás la sensación de movimiento nos cautive. Es decir, hay dos formas de ver la vida: parados, y en movimiento. Supongo que para todos es difícil diferenciar cuando estamos parados, y cuando estamos en movimiento...
Pero, dentro de la sensación de movimiento se cuecen muchísimas cosas. Es como una gran olla. Cuando estamos parados, el agua esta fria, y los ingredientes no se hacen. En cambio, cuando caminamos le damos un toque diferente a los pensamientos. Cuando yo camino, y me encuentro algo o alguien de frente, que me resulta interesante, lo veo de frente, lo sigo con la mirada, y si hace falta me giro cuando lo sobrepaso para verlo desde la última perspectiva.
Caminaba sin saber a dónde iba, hasta que de repente se paró. Reconoció un olor que no le era familiar y entendió que no iba a por el camino correcto. A pesar de ello, siguió adelante y cambió de canción en su ipod. Quizás no iba por el camino correcto, pero su paseo no consistía en llegar a ningún lado.
Reflexión: ¿Cuántas veces hemos desperdiciado tiempo estando parados en la calle del pensamiento? Yo, a dia de hoy, no hago mas que disfrutarla de arriba para abajo.
jueves, 24 de febrero de 2011
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