Al terminar la primera frase, te das cuenta de que tienes la mano manchada de tinta. Y ves que se ha emborronado todo lo que has escrito. Pero te da igual, piensas que esa tinta dejará de manchar tu folio. Que se quitará sola.
Terminas de escribir cuando se va tu inspiración. Pero la tinta aún sigue ahí. La tinta ha teñido de fealdad tus ideas. ¿Y ahora qué? No te va a salir una historia igual, porque eso depende del momento. Y ese momento de inspiración ya se ha pasado. Solo puedes esperar, con las manos limpias, a que salga algo parecido.
La mancha que tiñe la historia que estoy escribiendo me está matando. No es de tinta, es de petróleo. Y soy incapaz de borrarla de mi piel. Ojalá pudiera arrancarmela aunque fuese a mordiscos. Porque esa mancha no me está haciendo sufrir a mí, está haciendo sufrir a una persona que desde hace 23 años me quiere incondicionalmente...
Ojalá hubiese estudiado medicina.

Reflexión: ¿Hasta dónde llegarías por ayudar a una persona?
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