lunes, 10 de enero de 2011

SE LLAMA MADRID

Cuando a los que nos gusta viajar, llega el día antes de una visita a cualquier sitio, empieza a recorrernos por el cuerpo "la cosilla" esa de irnos...

¿Que será la cosilla? Pues todo el mundo diría que son nervios. A mi me da igual el mundo, y cualquier opinión que se quiera convertir en verdad. Voy a pensar en lo siguiente, aunque venga alguien a decirme que es mentira. Porque aunque sea diferente, es mía. Es la cosa que siento yo.

La cosilla es un cúmulo de circunstancias que tu llevas tiempo imaginando. Puede ser que vas a un sitio que te gusta mucho, que vas con tus amigos, que vas a ver a unos amigos, que vas a ver a familia, que vas a ver a una chica, que vas a reencontrarte con ella... cualquier cosa que no tienes día a día, y que quieres que pase con la excusa de ese viaje.

La cosa que nos recorre el cuerpo es la sensación de que dentro de unas cuantas horas, nuestra rutina va a cambiar por completo. Es bonito que pensando nos transportemos a un futuro que está cerca. Nos ponemos a imaginar que estamos en ese sitio. Es increíble que un viaje nos haga felices. Que poder tan grande tiene la imaginación. Que poder tan grande tiene la ciudad sobre mí.

Y cuando estamos allí, se nos pasa el tiempo rapidísimo. Esto significa que ni siquiera nos paramos a pensar en lo que nos está pasando. Que grande sería que vivíesemos todos los días así. Me encantaría salir todos los días de mi casa desconociendo las calles. Aprender cada día lo que me gusta de ella.

También es interesante pensar a qué sitio vamos a llegar. Una ciudad grande, o una playa/montaña. El lugar nos motiva especialmente. Yo creo que cuando vamos por ahí, nos hacemos momentáneamente dueños de esa parcela del mundo. Es como pensar que al ser tu primera vez allí, nadie ha visto lo que hay como lo estás viendo tú. Que tu perspectiva es la primera, o quizás la mejor. Que como la ves tú no la ve nadie. Pero que bonito es pensarlo.

El momento en que sabes que te has enamorado de esa tierra que pisas por primera vez no lo controlas tú. Sólo controlas el momento en que dices, el momento en que eres capaz de transformar en sonido el placer que sientes al pensar en ese lugar. La locura que se adueña de tu interior lucha a muerte contra tu miedo a entregarte a ella.

Ella se llama Madrid.

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